Discursos frágiles, gobiernos dudosos.....

 

Entramos en un año en el que las opiniones y las emociones parecen más atractivas que los hechos y las realidades. No es preciso demostrar y proponer, sino convencer, como sea, aunque haya que recurrir a mentiras o medias verdades que faciliten la victoria y amplíen los ámbitos de influencia. Es cierto que el Brexit y el triunfo de Donald Trump han trazado el camino en el 2016 con unas reglas en las que lo importante era ganar esgrimiendo argumentos de fuerte impacto emocional.

 

 

La crisis de identidad de los partidos clásicos, con sus élites desarboladas, es una de las causas del mundo nuevo en el que nos encontramos y en el que vamos a quedar instalados un cierto tiempo. Los bajos sueldos y la falta de empleo son el semillero del descontento aquí y en todo Occidente donde la derecha social a la renana y la izquierda reivindicativa del viejo laborismo han sucumbido a discursos construidos por partidos con posiciones más radicales y simplistas tanto en la izquierda como en la derecha.

Las grandes multinacionales ya no ocupan a miles de trabajadores, sino que rebajan sus plantillas hasta dejarlas en los huesos. Ganan más pero pagan menos impuestos. Todo lo que puede hacer un robot o los incipientes experimentos de inteligencia artificial expulsa la mano de obra. El mundo tecnologizado ignora el factor humano para el proceso productivo. Se resiente, incluso, la dignidad del trabajo que pasa a ser una ocupación residual.

¿Tienen algo que decir los sindicatos ante esta nueva realidad que les sobrepasa? El ascensor social y profesional que amplió las clases medias americanas y europeas está averiado. No deja de ser paradójico que un multimillonario sin demasiados escrúpulos como Trump haya cosechado tantos votos entre un sector social que históricamente se pronunciaba por los demócratas.

En vez de construir una sociedad más justa y equitativa, con la libre concurrencia de todos los actores sociales, se ha optado por ideas que valoran más el triunfo al precio que sea. El resultado está siendo el de sociedades cada vez más divididas, menos participativas, más envueltas en una espiral de incomprensiones y odios internos.

Si no se complementan y se mezclan las visiones nacionales o patrióticas con las reivindicaciones sociales, cualquier proyecto tendrá un corto recorrido. Trump no podrá detener la globalización con un proteccionismo trasnochado. En Catalunya, el empeño independentista de Puigdemont no llegará lejos sin el acompañamiento de las medidas sociales que reclaman los comunes de Domènech.

Un país que políticamente funcione con una sola idea durante cinco años pierde la visión de conjunto, abandona los matices y vive en permanente tensión sin saber cómo y cuándo llegará a su destino. Para ello ha construido discursos que no son compartidos por mayorías sólidas y cualificadas.

Publicado en La Vanguardia el 5 de enero de 2017

Por: Lluis Foix

http://www.eldiarioexterior.com/discursos-fragiles-48520.htm

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