Diez medidas para que el turismo no acabe con los barrios históricos de las ciudades

 

Diversos organismos aúnan esfuerzos para establecer y difundir una serie de prácticas para proteger el patrimonio histórico. Hoy os presentamos algunas medidas para que el turismo no acabe con los barrios de las ciudades repletos de historia. 

 

El incremento del turismo a nivel mundial ha provocado que los destinos más emblemáticos y atractivos para los viajeros se encuentren con la problemática de la conservación del patrimonio y la calidad de vida de los habitantes de las ciudades que cuentan con maravillosos centros históricos.

Tanto es así que, para evitar sucumbir al «síndrome de Venecia», ejemplo representativo de lo que sucede en esas localidades que son principal foco del turismo de masas, algunas autoridades locales y organizaciones internacionales aúnan esfuerzos para establecer y difundir una serie de prácticas que ayuden a proteger tales entornos. Estas son algunas de esas medidas para que el turismo no acabe con los barrios de las ciudades repletos de historia

1.-Utilizar el transporte público

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Seguramente los altos índices de tráfico son uno de los principales problemas que sufren las ciudades. La contaminación que provoca, ambiental y acústica, con todo lo que ello conlleva para la conservación del entorno, alcanza grandes niveles si sumamos la cantidad de habitantes que usan esta forma de desplazamiento a los turistas que acuden al casco histórico para conocerlo.

Lo ideal, tal y como sucede ya en algunas ciudades, es reforzar el transporte público (si es no contaminante, mucho mejor), además de promover su utilización, y reducir la movilidad de los vehículos motorizados en los centros históricos, sin olvidar que hay que facilitar el acceso a residentes.

2.- Peatonalizar el casco histórico

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Si hay que facilitar la disminución de los vehículos motorizados, no queda otra que dar prioridad a los peatones, para que puedan recorrer las rutas turísticas y comerciales de los cascos históricos, lo que contribuirá a crear mayores espacios, eliminar coches aparcados en cualquier parte, hacer la ciudad más humana y reducir de tal forma la contaminación que la protección del entorno será mucho más fácil.

3.- Reordenar el tráfico

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Para poder potenciar el uso del transporte público y la peatonalización de las calles, además de medidas para la reducción de velocidad en el ámbito urbano de los barrios históricos, es fundamental realizar una reordenación del tráfico rodado.

Facilitar el acceso a residentes y a trabajadores de los locales de la zona, a la vez que se impulsa la creación de calles peatonales, es una de esas medidas que más polémica genera cuando las ciudades desean proteger tanto su entorno como el medio ambiente y que el turismo no acabe siendo un serio problema. De tal forma, resulta un estudio imprescidible para llevar a efecto unos cambios que, pese a los más reticentes, resultan beneficiosos para todos.

 4.- Acceso a los barrios históricos

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Liberar a los edificios monumentales de los aparcamientos y la saturación de vehículos rodados, además de contribuir a protegerlos, facilita que visitarlos no sea una pesadilla. No pocos llegan a un lugar y desisten de verlo por el caos que les rodea, a menos que se hayan tomado medidas para lo contrario.

La solución de facilitar aparcamientos, combinados con la posibilidad de uso de autobuses u otro tipo de transporte público para llegar al barrio histórico y conocerlo desde la suela de los zapatos (que es, por otro lado, como se conocen realmente los sitios), garantiza tanto el acceso a las zonas emblemáticas como su cuidado.

5.- Establecer nuevos horarios de visitas

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No solo los coches pueden llegar a ser un serio problema. A veces, una aglomeración de gente puede terminar causando destrozos, por acción u omisión, que siempre nos cogen desprevenidos. Ya sea para evitar tal posibilidad, proteger los barrios históricos y facilitar el acceso a la hora de visitarlos, establecer nuevos horarios de visita de museos, monumentos y centros culturales de todo tipo es una buena opción.

Más allá de los horarios administrativos y de las decisiones arbitrarias, canalizar el flujo de visitantes durante determinadas horas del día facilitará todas las demás medidas que se tomen. ¿A quién no le ha pasado llegar a un lugar y preguntarse cómo es posible que ese museo esté cerrado? Y ya puestos, no nos olvidemos de las oficinas de turismo, y esas ocasiones en las que uno realiza una odisea por toda la ciudad para encontrarlas, y descubrir que están cerradas.

6.-Extremar las normas de limpieza

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Precisamente, uno de los problemas cuando se junta muchísima gente son los desperdicios que pueden dejar a su paso. Esto nos afecta a todos. Las autoridades locales podrán esforzarse en tener en condiciones todo tipo de mobiliario urbano, para que no tengamos que andar dando vueltas buscando una papelera, pero de poco servirá si cada uno de nosotros no las utiliza debidamente.

Mantener limpias las zonas históricas y extremar las medidas en temas tales como las pintadas en sus fachadas, monumentos y letreros informativos, son fundamentales para que el deterioro de los barrios no sea inminente.

7.-Establecer planes urbanísticos

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De poco servirá todo lo anterior, si la corporación municipal de turno permite la construcción de edificios de diseño ultramoderno en pleno barrio histórico de la ciudad. Las medidas que tomen, en cuanto las reformas, rehabilitación y renovación arquitectónica, deberán ir encaminadas a preservar y recuperar los edificios y construcciones que han convertido ese lugar en lo que es: un foco de historia y de identidad cultural.

8.-Regular los establecimientos turísticos

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Si las autoridades locales han de preocuparse de no autorizar que se derrumbe un edificio del siglo XVIII para levantar un rascacielos, entre otras muchas cosas, deberán hacer lo propio con las licencias que otorguen para la apertura de establecimientos turísticos.

Los carteles, las vallas publicitarias y ese aumento de las terrazas que, al final, no dejan ni dos metros de plaza libre para poder observar el monumento que se erige en su centro, transforman de tal forma la ciudad que, habitualmente, se peca por exceso. Ya no digamos cuando los locales, en vez de ser de especialidades o productos típicos de la zona, resultan establecimientos de grandes cadenas de comida rápida, entre otros, que destrozan el conjunto histórico artístico.

9.-Establecer nuevas señalizaciones

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Facilitar el recorrido de los turistas por el barrio histórico, en condiciones adecuadas, contribuirá a su conservación. Crear rutas temáticas con una señalización precisa hacia aparcamientos, zonas de menor saturación, oficinas de turismo, etc. es una medida bien sencilla que, a menudo, se deja sin efecto por puro despiste o desidia.

 

10.-Realizar estudios de capacidad de carga turística

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Todas las medidas pueden tomarse para facilitar la conservación del patrimonio histórico y evitar que las ciudades caigan presa del «síndrome de Venecia». Sin embargo, cada una de ellas habrá de realizarse en función del flujo de visitantes que recibe, así que encargar los estudios adecuados para descubrirlo y poder adoptarlas es ineludible.

El espacio físico es limitado. Por más que en muchos lugares deseen ignorar que cada entorno puede soportar la presencia al unísono de determinada cantidad de gente, actuar teniéndolo en cuenta contribuirá no solo a la conservación de los barrios históricos, sino a que los turistas queden más satisfechos con su visita y los residentes no tengan que escapar de la que ha sido su casa toda la vida. Ahora, más que nunca, buscar un equilibrio que satisfaga a todos es tan necesario como posible.

Por Silvia Pato

http://www.publico.es/viajes/diez-medidas-para-que-el-turismo-no-acabe-con-los-barrios-historicos-de-las-ciudades/10/

 

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