Conoce cuáles son los materiales y recipientes más adecuados para conservar nuestros alimentos

 

Completísimo informe de Rosa López Monís, Bióloga Molecular española, en el cual nos alerta e informa acerca de los cuidados y precauciones que debemos tomar a la hora de decidir qué tipo de recipientes y materiales utilizar para conservar nuestros alimentos. En una sociedad cada vez más industrializada, esta información es vital para cuidar nuestra salud.

 

Mantener una dieta o más aún una vida atóxica, es decir sin tóxicos, no es tarea fácil en nuestros días, ya sea por los fertilizantes y plaguicidas usados en nuestros cultivos, como por los utensillos en los que cocinamos nuestros alimentos, por los envases de metal, plástico… o ya sea también por dónde los guardamos una vez en casa, entre ellos plásticos tóxicos. Es nuestro deber y sobre todo el deber de los padres intentar, en la medida de lo posible, que sus hijos crezcan en un ambiente -sino es posible atóxico-, al menos hipotóxico, que significa "no muy tóxico", porque hoy en día es casi imposible debido al alto grado de contaminación al que estamos expuestos.

El peligro de estos contaminantes es la bioacumulación, es decir la exposición progresiva que va intoxicando cada vez más nuestro interior.

Muchos tipos de plásticos desprenden toxinas en los alimentos o líquidos que los contienen. Lo mejor es utilizar envases de cristal con la tapa de plástico (tipo tupperware) para almacenar alimentos, ya que el plástico contiene bisfenol A (BPA), PCBs, PBDE, ftalatos, colorantes y otras peligrosas toxinas.

Los éteres difenílicos polibromados (PBDE por sus siglas en inglés) son sustancias químicas ignífugas fabricadas, que se emplean en muchos productos de consumo para aumentar su resistencia al fuego. Los productos tratados con PBDE se usan en la casa, las empresas y el sector de transporte. Pertenecen a una clase más amplia de sustancias químicas bromadas que se utilizan como ignífugos. Se consideran contaminantes orgánicos persistentes (COP), un grupo de sustancias químicas sumamente tóxicas que persisten en el medio ambiente..

Se emplean sobre todo en textiles, equipos electrónicos y materiales de construcción. Entre los equipos electrónicos por ejemplo, los encontramos en teléfonos celulares, aparatos de control remoto, computadoras y monitores. Se emplea en productos electrónicos de consumo, cables de comunicación y de construcción, aislamiento de cables, asientos de estadios, portalámparas, extractores de aire de cocina, tubos, equipos eléctricos, paneles plásticos de construcción y revestimiento de la parte del revés de las telas para cortinas y para tapicería de sofás, sillas y muebles de oficina.

También se ha empleado en espuma de acolchonado en el trabajo de tapicería, colchones y asientos, forros de asientos y descansos para la cabeza en automóviles, caucho, pinturas, lacas y adhesivos…

Como verán es casi imposible, viviendo en un mundo industrializado, evitar estos tóxicos plásticos.

Los análisis toxicológicos indican que pueden ser tóxicos para el hígado y la tiroides y afectar el desarrollo neurológico, según la EPA, encuesta de población activa. Los PBDE son un motivo de preocupación con respecto a la salud de los niños, según se indica en el informe de la EPA titulado “Polybrominated Diphenyl Ethers (PBDEs) Action Plan Summary”, disponible en inglés. También se ha asociado con infertilidad.

El BPAs hace estragos en el sistema endocrino al tener el mismo comportamiento que los estrógenos. Pero va mucho más allá.

En 1998 durante una investigación en la Universidad Case Western Reserve, durante un estudio sobre la aneuploides en ratones de laboratorio, los científicos detectaron un inexplicable incremento de 8 veces en dicha patología. Finalmente descubrieron que un trabajador del laboratorio había lavado sus botellas de agua con un detergente particularmente agresivo, que había liberado grandes cantidades de bisfenol A en el agua. Los investigadores encontraron que los niveles de bisfenol A a los que se expusieron los ratones eran similares a los niveles que experimentamos en condiciones normales, y que los cromosomos de las células afectadas por el BPA parecían haber sido disparadas con una pistola. Para verificar estas inesperadas conclusiones los científicos duplicaron el accidente ocurrido con el detergente y obtuvieron los mismos resultados. Para verificar que era realmente el BPA el culpable del daño genético, dieron a los ratones una ración diaria de puro BPA y encontraron que los resultados de esta exposición intencional eran similares. Cuando el bisfenol A se metaboliza por hidroxilación y posterior oxidación, forma una ortoquinona que puede establecer enlaces covalentes con el ADN y desarrollar efectos mutagénicos y teratogénicos en el feto.

Los efectos mutagénicos podrían ser los iniciadores de varios procesos carcinogénicos asociados al bisfenol A:

Cáncer de próstata
La actividad estrogénica de la sustancia puede derivar en un aumento del tamaño prostático y en una disminución del tamaño del epidídimo.

Cáncer de mama
Se ha detectado una mayor susceptibilidad mutagénica y carcinogénica a nivel de las células mamarias en las mujeres debido a la estimulación estrogénica del desarrollo y división de las glándulas mamarias

Se han establecido asociaciones de una mayor concentración de bisfenol A con casos de diversas enfermedades cardíacas e hipertensión. Además, la exposición al Bisfenol A conlleva un aumento de los lípidos en sangre, un aumento del peso y un incremento de la lipogénesis. Luego estos plásticos también nos engordan. Además puede incidir en la aparición de la diabetes mellitus de tipo II al aumentar la resistencia a la insulina y el número de células adiposas.

Algunos estudios realizados en animales concluyen que el bisfenol A es capaz de afectar a la función tiroidea, al comportarse como antagonista de la hormona tiroidea. En anfibios, este efecto se traduce en una inhibición de su metamorfosis.

Se ha demostrado en animales de experimentación una inducción de linfocitos T y un aumento de la producción de citoquinas, favoreciéndose así los procesos alérgicos y por si no fuera ya suficiente posible inflamación y alteración de la permeabilidad intestinal en animales. No cabe duda de que todo esto también ocurre en humanos.

Por ello, cuidado sobre todo con nuestros bebés, ya que estos disruptores endocrinos pueden hacer mucho más daño que a nosotros. Comprobar que los biberones en uso estén libre de Bisfenol A.

Evitar las bandejas y vasos de estirofoam (similar al corcho blanco), sobre todo con líquido caliente (máquinas de café), porque además de Bisfenol A, desprenden poliestireno, un tóxico muy dañino para el organismo.

Tampoco se recomienda utilizar film transparente o papel de aluminio para conservar los alimentos. La acumulación de aluminio en el cerebro es una de las causas principales de Alzheimer y se ha relacionado con cambios en la conducta y otras enfermedades. Existen bolsitas de papel, envases de vidrios o bolsitas de cierre hermético tipo Zip, elaboradas con HDPE, un tipo plástico que no desprende toxinas.

Los policlorobifenilos (PCB) o bifenilos policlorados (en inglés: polychlorinated biphenyls) son una serie de compuestos organoclorados, que constituyen una familia de 209 congéneres, los cuales se forman mediante la cloración de diferentes posiciones del bifenilo, 10 en total; que poseen una estructura química orgánica similar y que se presentan en una variedad de formas que va desde líquidos grasos hasta sólidos cerosos. Existen 12 PCB llamados “de tipo dioxina” que también pueden ser tóxicos y no-tóxicos

Las principales vías de ingestión de PCB en los humanos son la inhalación y la comida, sobre todo en alimentos propensos a estar contaminados como pescados y mariscos, sobre todo en los productos hidrobiológicos ya que estos desechos poseen gran adhesión en el agua y los animales orgánicos.

Otra vía es la Inhalación. Debido a la baja presión de vapor de estos compuestos, sólo un 25% aproximadamente del total ingerido es por esta vía.

La entrada en la cadena alimenticia se da en el mar, cuando el plancton puede asimilar PCB desde los sedimentos marinos. Como ocurre con la mayoría de contaminantes, mediante el proceso de bioamplificación o biomagnificación se va incrementando la concentración de PCB a lo largo de la cadena alimenticia (plancton, marisco, pescado pequeño, mamíferos marinos), y usualmente el hombre, al ser el último de la cadena, es el que recibe mayores cantidades de PCB. Debido al origen marino, la principal fuente de ingestión de PCB en la dieta humana es el pescado en general y especialmente el expuesto a mayores concentraciones, el cual puede llegar a ser el 4-5% del total.

Los PCB, una vez ingeridos, se acumulan principalmente en tejidos ricos en lípidos, como puede ser el tejido adiposo, el cerebro, hígado, etc. Se produce una transferencia de la madre al feto durante la gestación, y esta contaminación del feto puede dar lugar a una ralentización del neurodesarrollo y afectar a la función tiroidea al situarse en receptores específicos para estas hormonas. Se especula con la posibilidad de efectos adversos incluso en niveles no tóxicos para el resto de la población adulta.

Los ftalatos o ésteres de ácido ftálico son un grupo de compuestos químicos principalmente empleados como plastificadores (sustancias añadidas a los plásticos para incrementar su flexibilidad). Uno de sus usos más comunes es la conversión del PVC de un plástico duro a otro flexible.

Hasta 2004, los fabricantes produjeron unas 400.000 toneladas de ftalatos al año. Se empezaron a producir en los años 1920, y en grandes cantidades desde los 50, con el nacimiento del PVC. Se usan en la fabricación de material para suelos basado en PVC, como disolventes en perfumería y pesticidas, con frecuencia en los esmaltes de uñas, adhesivos, masillas, pigmentos de pintura, juguetes de niños y en la mayoría de los juguetes sexuales.

En éste último caso, el porcentaje de ftalatos usado en juguetes sexuales va desde el 40% hasta el 80% del peso total del producto, lo cual es mucho mayor que en cualquier otro producto que incluya ftalatos. Ya que los fabricantes deben lograr que sus productos sean lo más suaves posibles, no sólo agregan niveles de ftalatos mayores a los permitidos para fabricar juguetes de niños, sino que además adicionan una mayor cantidad de estabilizadores de zinc, plomo, estaño, bario o cadmio (metales pesados y tóxicos). No conformes con aumentar la dosis de ftalatos en el afán de lograr más utilidades, agregan a su fórmula materiales tóxicos tales como keroseno, aguarrás, biodiesel, diesel, aceite automotriz, creando así un cóctel letal para la salud humana, ya que estos juguetes son usados internamente.

Los juguetes de niños contienen de entre 20% a 50% de ftalatos del peso total del producto, y esas proporciones fueron suficientes para que muchos países prohibieran la fabricación y comercialización de esos juguetes por considerárselos un riesgo para la salud.

Estos juguetes infantiles hechos con ftalatos contaminan el cuerpo humano de forma gradual, poco a poco según el tiempo que el individuo esté expuesto a este material día tras día, es por ello que se recomienda que al seleccionar éste tipo de productos, se adquieran productos fabricados con materiales alternativos tales como Silicona Pura y SiliconFlesh (Carne de Silicona).

Si una persona usa un juguete con contenido de ftalatos, no va a sentir en ese momento daño alguno, ni ninguna sensación extraña, simplemente va a administrarse microdosis de ftalatos que van a ir directamente a la sangre al ser absorbidos por las mucosas. En cada uso de dicho juguete, se administrará una dosis que aumentará de forma periódica los niveles de ftalatos en la sangre. Esto significa que a mayor uso mayor contaminación.

Estudios realizados por la Dra. Shana Swan detectaron concentraciones de nueve metabilitos del ftalato en la orina de mujeres embarazadas, que demostraban altos niveles de exposición.

Greenpeace afirma que se han encontrado en una gran cantidad de ftalatos en sangre materna y cordón umbilical, que pueden ser nocivos para el aparato reproductor masculino y son tóxicos para la reproducción. Los juguetes sexuales contienen altas concentraciones de los peligrosos suavizantes tóxicos, prohibidos por sus posibles impactos en salud. De ocho juguetes sexuales analizados en Países Bajos, en siete se encontraron niveles de ftalatos que van del 24 al 51%.

La posibilidad de que afecte el riñón causa especial preocupación porque en seres humanos este órgano está expuesto a los ftalatos durante diálisis y porque se han observado alteraciones estructurales y funcionales del riñón en algunas ratas expuestas a los ftalatos. Debido a que las alteraciones de los riñones en pacientes sometidos a diálisis por largo tiempo pueden deberse a la enfermedad renal existente, y regularmente no se han observado alteraciones renales en animales expuestos a los ftalatos, el significado de las alteraciones renales en la rata no está claro. La ingestión de altas dosis de ftalatos por un tiempo prolongado produjo cáncer del hígado en ratas y en ratones.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS) ha determinado que es razonable predecir que los ftalatos son carcinogénicos en seres humanos.

Los únicos plásticos seguros para almacenar alimentos, agua y otros líquidos son

  • PEAD: Polietileno de Alta Densidad (en inglés conocido como HDPE o PE-HD) identificado por el número 2.

  • PEBD: Polietileno de Baja Densidad (en inglés conocido como LDPE o PE-LD) identificado por el número 4.

  • Polipropileno (PP): identificado por el número 5.

Hay quienes defienden que el plastico pet, el conocido con el número 1, con el que se fabrican la mayoría de las botellas de plástico es seguro ya que si es cierto que se recicla sin problemas, sin embargo sabemos que si rellenamos mucho una botella, este material plástico que compone la botella (el pet) puede ceder al agua ciertos compuestos potencialmente tóxicos, como antimonio. En condiciones normales de consumo, estos compuestos se encuentran en cantidades que, a priori, no suponen un riesgo para la salud. sin embargo, su cantidad puede aumentar con el tiempo de permanencia del agua en la botella y también con el número de reutilizaciones que hagamos de la misma.

Mi recomendación final es que usen vidrio para guardar vuestros alimentos, sobre todo los que estén calientes. El mejor vidrio es el transparente y de color rojo, que es el más químicamente inactivo y es por eso que incluso hoy en día, el color favorito para las botellas de medicina sigue siendo el rojo. Para hacer este vidrio lo que se hace es añadir vidrio fundido y obtiene ese tonalidad, protegiendo nuestros alimentos de la luz.

Estos son los números que podemos encontrarnos, recordar: 2, 4 y 5 son seguros, el resto los debemos evitar.

En la base del envase suele aparecer un número indicando el tipo de plástico dentro de un triángulo, por ejemplo, un 2 para el HDPE .HDPE o PEAD (Polietileno de Alta Densidad) – Termoplástico del que se hacen las botellas de leche y zumos, bolsas, envases de detergentes.

  1. PETE o PET (Polietileno de Tereftalato) – Uno de los termoplásticos más usados en los envases de alimentos y bebidas.

  2. HDPE o PEAD (Polietileno de Alta Densidad) – Termoplástico del que se hacen las botellas de leche y zumos, bolsas, envases de detergentes…

  3. PVC (Policloruro de Vinilo) – Termoplástico muy común en mangueras, tuberías, botellas de limpiacristales, detergentes y champú, materiales para construcción, recubrimiento de cables y equipos médicos.

  4. LDPE o PEBD (Polietileno de Baja Densidad) – Termoplástico usado en bolsas de congelados, bolsas de tintorería, alfombras y vestidos.

  5. PP (Polipropileno) – Termoplástico utilizado en la confección de tapones, latas de refrescos, yogures líquidos, ketchup y otros alimentos y en envases de medicinas.

  6. PS (Poliestireno) – Termoplástico para la fabricación de platos, vasos y cubiertos, cajas de CD, almacenaje, jardinería y decoración.

  7. Otros: No incluído en ninguno de los anteriores.

http://www.vidapositiva.com/conoce-cuales-son-los-materiales-y-recipientes-mas-adecuados-para-conservar-nuestros-alimentos.html

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