Cinco mitos que te contaron sobre la inversión sostenible y por qué son falsos

La inversión socialmente responsable está en boca de todos. En 2006, la ONU puso en marcha junto a un grupo de inversores una lista de seis principios de inversión responsable (PRI por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es entender el impacto que las cuestiones ambientales, sociales y gubernamentales tienen en las inversiones. En un principio, esta lista fue firmada por una centena de empresas; hoy, ya son casi 2.000 (el 90% de la industria) y entre 2016 y 2018 su tasa de crecimiento ha sido del 28%.

La mayoría de los inversores defienden las ventajas que tiene esta modalidad tanto a nivel financiero como social, pero muchos siguen todavía siendo escépticos. Cada cual puede tener su parte de razón, pero en torno a la inversión sostenible suele haber muchos mitos que conviene clarificar. Son algunos de los siguientes.

1. Se limita a la ecología y la exclusión
A menudo, se piensa que la inversión sostenible pasa únicamente por evitar empresas vinculadas a sectores considerados poco éticos como el tabaco, el alcohol o el juego. Pero la realidad va más allá, ya que cubre muchos más campos y se puede llevar a cabo de distintas maneras:

Integración de criterios ASG (ESG en inglés: Environment, Social and Governance). Se trata de un enfoque en el que los gestores de la inversión tienen en cuenta los riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad y los factores ASG, además del análisis financiero tradicional.


Compromiso y ejercicio activo del voto. Se trata de estrategias en las que los accionistas buscan un diálogo activo con las empresas que poseen y se esfuerzan en votar en las juntas de accionistas.
Inversión 'best-in-class'. Un estilo de inversión comparativo que implica invertir solo en empresas líderes en su sector en cuanto a sostenibilidad.
Exclusión o 'screening' negativo. Incorpora los principios morales de un inversor al excluir las compañías involucradas en ciertas actividades o industrias (alcohol, juego...).
'Screening' basado en normas. Se seleccionan las inversiones en función de las normas mínimas de la práctica empresarial a nivel internacional.
Inversión temática. Se centra en una temática específica. Por ejemplo, el cambio climático, la energía limpia o las soluciones en el ámbito de la salud.
Inversión de impacto. Inversiones realizadas con el objetivo principal de lograr beneficios sociales específicos y positivos, a la vez que se obtiene un rendimiento financiero.
Además, también se suele dar por hecho que la inversión sostenible se centra únicamente en cuestiones medioambientales. Y es cierto que ese factor puede ser predominante, pero las cuestiones sociales o de gobierno corporativo cobran cada vez más importancia.

2. No es rentable ni demandada
A menudo, se piensa que este tipo de inversión puede ser adecuada para personas preocupadas por el medioambiente, pero no para aquellos inversores que quieran sacar un rendimiento a su dinero. Las cifras contradicen esta teoría: según el estudio 'ESG and financial performance: aggregated evidence from more than 2000 empirical studies', las compañías que incluyen factores ESG en su estrategia son más rentables.

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Y es que estos criterios también afectan al precio de las acciones. En 2011, Olympus reconoció haber maquillado sus cuentas para encubrir pérdidas colosales en inversiones financieras y al mes siguiente el precio de sus acciones cayó un 82%. En 2015, las acciones de Volkswagen cayeron un 35% en dos días después del escándalo de las emisiones contaminantes que afectó a 11.0000 automóviles vendidos entre 2009 y 2015.

Tampoco es cierto que los inversores no se sientan atraídos por esta modalidad. El 'Global Sustainable Investment Review 2018' revela que estos activos ya equivalen al 26% del volumen total de activos gestionados a nivel global, lo que representa un aumento del 34% desde 2016. Además, el 65% de los inversores españoles ha aumentado sus inversiones sostenibles en los últimos cinco años y el 78% afirma que este tipo de inversión ha cobrado mayor importancia, según el 'Estudio global de inversión' de Schroders.

Crecimiento de las inversiones sostenibles

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3. No vale para mercados emergentes
Los mercados emergentes han venido mostrando una atractiva oportunidad de inversión, pero a menudo estos entornos son menos transparentes, un factor clave cuando se habla de inversión sostenible. Sin embargo, el panorama en los últimos años ha mejorado sustancialmente, de modo que estos mercados se han ido abriendo a la llegada de este tipo de inversiones.

De hecho, si nos fijamos en el cuadro de abajo, que sintetiza más de 2.200 estudios hechos desde los años setenta, veremos que las inversiones sostenibles tienen un impacto positivo en las rentabilidades en todas las regiones y especialmente en los mercados emergentes.

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4.- Con inversión pasiva se consigue lo mismo
Muchos fondos de inversión pasiva aseguran incorporar los factores ASG, pero a la hora de la verdad apenas aportan información y transparencia sobre cómo los implementan. Además, la mayoría de ellos recurren a un único proveedor externo de puntuaciones ASG (generalmente MSCI, Sustainalytics o Thomson Reuters), y lo cierto es que estos proveedores, como podemos ver en el siguiente gráfico, pueden ofrecer resultados distintos entre sí, con lo que su análisis presenta muchas limitaciones. En la mayoría de los casos, sus 'ratings' de sostenibilidad no coinciden ni para las empresas que lo hacen excepcionalmente bien ni para las que lo hacen excepcionalmente mal.

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Otro aspecto a tener en cuenta es que en los fondos de inversión pasiva resulta muy complicado tener un rol activo en las empresas. Esto es menos problemático para una firma de gestión activa, que cuenta con especialistas tanto del sector económico como en el área de ASG, y donde las reuniones periódicas con el equipo directivo pueden complementarse con acciones que tengan un impacto concreto en las cuestiones corporativas, medioambientales y sociales. Y es que no hay que olvidar que muchos inversores asignan capital a fondos ASG porque consideran que sus gestores sabrán administrar mejor las empresas en las que invierten, y esto resulta muy complicado de conseguir utilizando procesos mecánicos.

5. Solo funciona con renta variable
La inversión sostenible también se puede aplicar a la renta fija o al sector inmobiliario. Por ejemplo, cuando invertimos en bonos, el análisis de criterios ASG ayuda a detectar los riesgos asociados a la capacidad y la voluntad de los prestatarios para reembolsar sus deudas. Así, debería de haber menos probabilidades de que una empresa gestionada con criterios sostenibles se vea inmersa en un cataclismo capaz de destruir su valor y, por el contrario, debería de encontrarse en mejor posición para reembolsar a los inversores que le han prestado dinero.

De hecho, la asignación de activos gestionados con los llamados criterios ASG puede variar mucho de un mercado a otro. En Canadá y Europa, el 64% de los activos a finales de 2016 estaba en bonos, y el 33% en acciones, un cambio respecto a 2014, cuando el 50% de los activos estaba en acciones y el 40% en bonos; en gran medida un reflejo del aumento de los bonos verdes durante este periodo de tiempo.

Los inversores deberán pensar qué esperan obtener, además de rentabilidad, con su inversión

Existe, en definitiva, mucha confusión sobre lo que significa la inversión sostenible. De hecho, la Unión Europea tiene en marcha un proyecto para intentar homogeneizar criterios y conceptos, pero todavía no existe un sello universal y homogéneo que nos permita delegar el cumplimiento de una cierta ética de inversión en un agente externo.

Mientras tanto, los inversores, a la hora de elegir un fondo sostenible, deberán hacer un esfuerzo para entender en qué invierte el fondo, qué estrategia y criterios está utilizando el gestor para seleccionar compañías, qué actitud o política de sostenibilidad tiene la sociedad gestora y qué esperan obtener, además de rentabilidad, con su inversión.

https://www.elconfidencial.com/amp/mercados/2019-05-16/inversion-sostenible-mitos-schroders-bra_1962270/