El Mal de Gollum o el Síndrome del Fundador

Autor.Carlos Marquerie Tamayo. Que una startup triunfe es una acumulación de casualidades, causalidades, trabajo duro, oportunidades y carambolas de difícil predicción. Hablando de una startup (alto crecimiento potencial, tecnológica o con activos inteligentes y objeto de capital riesgo) la posibilidad de que fracasen en los tres primeros años es del 92%. (Startup Genome Report Extra on Premature Scaling –estudio dirigido profesores de Berkeley & Stanford, Steve Blank y 10 aceleradoras de startups).

Hay muchas razones para que el fracaso se produzca (escalar muy rápido, enfrentamiento entre socios o inversores, tecnologías no probadas, incumplimiento de plazos, bajo nivel de aceptación, etc.), pero resaltaría una de ellas: el Mal de Gollum o el Síndrome del Fundador.

El Mal del Gollum, es aquel que se produce cuando el fundador de una startup llega a la convicción de que está tocado por la mano de Dios o que el karma le ha designado para cumplir una misión innovadora en la vida, su propia visión que le hará rico y que su anillo (su startup) será su vehículo mesiánico. En términos generales, suelen ser los fundadores ingenieros tecnológicos que hacen las veces de CEO de las .. Llegado a un punto, posiblemente cercano a ningún lado, de repente se comportan de forma rara:

Lo poco que ha creado vale millones.
Está llamado a solucionar los problemas que su equipo no puede resolver y cuyos miembros, en su opinión, llegan a ser incompetentes porque no le solucionan las dificultades.
El valor de la empresa es él mismo, y cree firmemente que los inversores le pagarán su jubilación.
Cuantas más empresas cree, más valor acumula.
Rechaza las alianzas porque cree que lo suyo vale más.
No escucha a quien le contraría y encuentra el valor en quien le alaba.
Cree que los chinos le pagarán 20 veces más de lo que vale su negocio.
Como la tecnología todavía no está preparada, le sobran los que desarrollan negocio o los que se dedican a la comunicación. Llega a la conclusión de que les paga mucho y que no los necesita.
De repente, sus inversores son los que molestan y no le entienden.
En un momento determinado, el fundador empieza a ver su startup como el anillo de Gollum, y llega a creer que se lo quieren quitar. Es más que existe una confabulación para quitárselo y hasta colaboradores internos e inversores desean apartarle del camino hacia el éxito, de su mesianismo. Apartarle de su valor más preciado... de su tesoro...suyo propio.

2 Gollum 1

Créanme que estas palabras no son sarcasmos sino realidades. Y no es para reírse ni para compadecer, sino para prestar mayor importancia y sensibilidad a este mal endémico, que echa a perder muchos emprendimientos y que se suele producir por una causa: la SOLEDAD del fundador.

La SOLEDAD es el resultado del silencio en el entorno del fundador: los inversores no contestan; la tecnología no está preparada; la ansiedad hace mella en el equipo; los que ya han invertido se inquietan; la familia se cansa, los hijos se quejan; el dinero del fundador se mezcla con el de la compañía, y cree que lo recuperará rápidamente; su sufrimiento durante todo ese tiempo no está siendo reconocido; la Agencia Tributaria no entiende la innovación y le pide un informe de operaciones vinculadas... o le acusa de fraude al no conseguir ingresos en oficinas en el extranjero. Tantos y tantos factores...Hoy en día, no solo es un alto riesgo ser político o consejero de empresas sino también es un peligro ser emprendedor.

La SOLEDAD del fundador tiene un efecto muy pernicioso: el MIEDO, el peor enemigo de la innovación. El MIEDO incapacita para la creatividad y genera una fuerte sensación de inseguridad en la cabeza del fundador, desconfianza en sí mismo y en el entorno que le rodea. El MIEDO, ese ser frío y gris que penetra en la sangre del fundador, y hace temblar sus entrañas... y sus ideas, y que, de ningún modo, puede hacer que se descubra. EL MIEDO genera vulnerabilidad y reduce sustancialmente el valor de una startup. No aporta nada, como tampoco lo hace el SILENCIO.

Superar la SOLEDAD y el MIEDO es una tarea titánica. Son monstruos del averno que llegan en el peor momento: en el Valle de la Muerte (desde que se tiene la idea hasta que se comercializa). He analizado muchas startups en mi vida y se nota en los ojos del fundador cuando el miedo le invade y hasta se puede predecir en qué fase del Valle de la Muerte se encuentra. Y esa debilidad se toca en el ambiente, le hace vulnerable a su entorno.. el cual, de una forma u otra, tarde o temprano, se aprovechará de su debilidad.

Y todo ello se produce, mayormente, por culpa del SILENCIO... del que casi todos los que estamos leyendo este post tenemos la culpa, en mayor o menor medida. Decía Will Bunker (GrowthX Academy) que "si fracaso, que fracase cuanto antes". Extender el sufrimiento de un fracaso es entrar en el círculo vicioso del SILENCIO.

En España somos expertos en no contestar a una idea. Ni nos molestamos, no damos retroalimentación o feed-back. No damos nada. Se pierden las propuestas en los emails de los inversores y de las compañías. Nadie dice “NO estoy interesado o NO creo en ello y PORQUÉ no estoy interesado o no creo en su futuro”:

Sin embargo, el “NO” es la energía real, para que el fundador pueda pivotar y haga crecer su negocio. Su espíritu emprendedor se enfrenta fácilmente al NO e intentará superarlo. Me acuerdo que cuando empecé a tocar jazz me echaron de mi primera banda. Fue una sensación espantosa, pero me explicaron por qué. Por ello no me rendí, me puse a estudiar hasta que llegué a tocar en clubes y en una big band. Cuando llegue al MIT con mi plataforma, un profesor me dijo que era una "bullshit" y me enseñó cómo en otras plataformas habían resuelto el problema y aprendí nuevos retos. John Fanning (Napster, Facebook) odiaba mis popups y ni me dejó hablar. Todo sirvió y mucho. Me ayudaron con un NO y no tuvieron problema con ser duros, usando su más cruda sinceridad.

Cuando los inversores o expertos dicen un NO con fundamento, el emprendedor vuelve con tareas a casa. Pero el emprendedor no sabe qué hacer con el SILENCIO, no tiene guía para progresar. El emprendedor, en esta fase tan delicada, odia el SILENCIO, el de los emails, el de los WhatsApp, el móvil, Angel List, LinkedIn, etc. El SILENCIO genera ansiedad y ésta, a su vez, le hace regresar al MIEDO. El SILENCIO no crea To Dos sino que embota al fundador en su propios pensamientos.

Las reacciones negativas aportan mucho valor a un startup. Hacen que pivoten. Pivotar es el arte de la innovación . Cuando una startup pivota no es una falta de criterio, como juzgarían muchos directivos caducos. En Israel se suele decir que de si te sientas con cinco personas de una startup obtendrás cien opiniones diferentes cada día. Pivotar es la búsqueda del encuentro entre la oferta y la demanda en un mercado que no existe, que no tiene ciclos de vida, lo cual es un ejercicio loable y realmente complejo. De hecho, una gran parte de las dificultades del fundador se basa en la resistencia de sus directivos a pivotar, como consecuencia del cansancio y desesperación que produce esa malentendida “falta de criterio” del fundador.

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En mi modesta opinión, todo esto se resuelve con un “NO” con fundamento, y no con un “SI” sin compromiso.

La comunidad emprendedora (inversores, startup, mentores, aceleradoras, empresas, consultores, docentes) deberíamos comprometernos en unas sencillas reglas, extremadamente beneficiosas, aunque se crea lo contrario:

Cuando se presenta una idea siempre hay una contestación y una explicación. Sea por email, por whats o por skype, es lo mismo. Quien no es capaz de aportar un criterio no merece la pena presentarle una idea.
Al fundador se le dice la verdad de lo que se opina, sea la que sea y con la crudeza que haga falta. No sirven los “AWESOME” o la filosofía del positivismo trasnochado para animarle a que siga fracasando más. Estamos echando al mercado diariamente muchos emprendimientos, diciéndoles que si fracasan no se penalizará. Si fracasa la empresa SI SE PENALIZARÁ: podrán tener un grave problema con la Hacienda Pública española, con sus familias, con sus amigos, con sus proveedores. Es una filosofía ridícula los que repiten constantemente que, como en Israel y EEUU no se penaliza el fracaso, por tanto no has de estar muy preocupado por fracasar o los que promulgan que el fracaso será un activo que se valorará en tu vida... Siento decir que esto NO es así. El fracaso es muy duro, injusto, es un shock en la vida y hay que evitarlo poniendo filtros para que el emprendedor sepa cuándo tirar la toalla, sin que arriesgue la felicidad suya y la de su familia. En España hay multitud de préstamos y subvenciones para abrir emprendimientos. Pero nadie ha creado un instrumento para cerrarlos, garantizando la continuación del fundador o fundadores, que es lo que realmente merece la pena: que no desaparezcan aunque las entidades jurídicas lo hagan.
Hemos de compartir nuestra red de contactos, poniéndola siempre a disposición de los emprendedores o innovadores. Todos los que estamos en este mundo del emprendimiento hemos de ayudarnos: mediante nuestra red de contactos, mediante la presentación a otros, mediante un NO a tiempo. El networking es clave para producir el descubrimiento de una gran idea.
Estamos moralmente obligados a ayudar a que los fundadores encuentren en todos nosotros una muralla o un obstáculo que puedan sortear y seguir adelante. No palmaditas en el hombro. Si nuestras objeciones le echan atrás será un buen momento para que lo haga. En caso contrario estudiará los obstáculos y seguirá adelante. El éxito es un ejercicio de serendipia, y, si queremos menos mortandad en el emprendimiento español, hemos de ayudar a que el fundador salga de su mal del Gollum, de su silencio, de su soledad.

La realidad es que en la mayoría de los casos lo que el fundador tiene no vale tanto, si nadie le dice lo que vale o si el mercado no paga su precio. Su camino solo ha hecho nada más que empezar, por eso ha de ser consciente que el último euro es el que manda, aunque él tenga la mayoría en la startup. AH! y los chinos, de verdad, no le pagarán nada y mucho menos su retiro. El fundador y los accionistas especulativos han de saber que el inversor nunca les retribuirá, antes de que la startup no haya dado muestras de tracción y rentabilidad de acuerdo con lo comprometido, y que, a lo más, lo que pueden estar haciendo con esa actitud es destruir valor.

Crear valor es un arte, que, no solo consiste en resolver problemas sino en saber explicar a terceros la coherencia de las decisiones pasadas, presentes y futuras. Un inconsistencia grave, que se oculta a terceros, es una pérdida extrema de valor. Por ejemplo, que los socios excluyan unos a otros es una pérdida de valor; que un fundador se arrogue el derecho a sentirse único e imprescindible, aunque sea la pieza clave en un momentos determinado (por ejemplo, en la fase de prototipo) es un error; que un socio inversor quiera pegar un “pelotazo” y ahogue las rondas de inversión es un error. Son errores graves en el proceso de crear valor. El valor de una startup no es el dinero que va a recibir el fundador, sino el porcentaje de participación que al final se quedará el inversor. Pero, aunque éste esté en minoría, si el fundador quema ese dinero, aún en posición mayoritaria en la empresa, terminará decidiendo el inversor y se habrá acabado su futuro.

El emprendimiento, decía, es un arte que consiste en gestionar en paralelo y en su momentum:

Personas, con perfiles profesionales claramente complementarios, unidas bajo una misma visión, con personalidades muy diferentes,
Prototipos disruptivos, en el menor tiempo posible, al menor coste viable y
Tracción en el mercado para poder monetizar rápidamente, sin escalar prematuramente o sin producir expectativas que no se puedan cumplir posteriormente.
Dicho de otra forma, las probabilidades de que todos estos factores coincidan son extremadamente reducidas. Por eso pocas sobreviven.

Emprender ha de ser una decisión muy seria, muy meditada en el entorno familiar y profesional. No ha de ser una reacción contra las multinacionales o contra el hecho de trabajar en entornos empresariales más complejos. Emprender es una decisión que conllevará el comienzo de un camino lleno de espinas, de nieblas y de incomprensión, sabiendo de antemano que lo normal es el fracaso. Y si ese emprendimiento conlleva innovación, el camino será más arduo. No cabe duda que muy pocos consiguen un reconocimiento social y económico envidiable. Pero ese éxito es para unos pocos... el resto es lo que realmente importa.

“Es mío propio. Es mi amor. Es mío propio. Es mi tesoro...”

Carlos Marquerie Tamayo

Co-Founder, Chairman, Chief InnovationEcosystem at Moonshot Innovation

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