Una crema de nanopartículas

Joaquín Querol recuerda cómo el ejecutivo de un fondo de capital riesgo le dijo que no vería a su empresa en beneficios hasta que entrara en su capital una sociedad de inversión. Endor ganó el año pasado 60.908 euros y los accionistas continúan siendos los mismos —Javier Fernández Labori, Judith Sendra y el propio Querol—. La compañía se puso en marcha en 2007 y ahora afronta su primer reto fuera del laboratorio: asaltar el mercado de las cremas para la piel sin la potente inversión publicitaria y de márketing de las grandes marcas de belleza.

 

La pequeña sociedad asegura haber hallado un compuesto que activa el movimiento, la reproducción y la nutrición de las moléculas. Pero se niega a crear, como el resto de marcas, distintos tipos de cremas para captar la atención del consumidor: ahora una hidratante, después otra antiedad; una para el día, otra para la noche... “El cliente está tan saturado que no puede distinguir y con la nuestra solo hace falta una”, afirma Querol con cierto tono de queja.

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Pero en Endor no solo el discurso va a la contra de los dogmas que dictan las grandes del mercado. Su pomada no es como el resto. Su base es nanomaterial surgido del Parque Científico de la Universitat de Barcelona, donde hay quien se dirige a sus investigadores con cierta sorna: “¿Qué, ya habéis curado las arrugas?” Pero la compañía no se dedica únicamente a la fabricación de cremas; su pretensión es la investigación oncológica.

 

La empresa nació en el Parque Científico de la Universidad de Barcelona

 

 

Lo que pasa es que por el camino se encontró con un principio activo que podía aplicarse como tratamiento dermatológico y ahora ya está en algunos comercios especializados, bajo la enseña Y.en. “Depende de lo que hagas con él puede considerarse un fármaco”, señala Querol, aunque ahora se ha optado por explotarlo como crema y conseguir recursos con los que financiar su investigación en cáncer de páncreas. La comercialización solo fue posible después de que la Comisión Europea validara en 2013 el principio, una excepción entre las empresas de nanomedicina.

La dirección de la compañía está convencida de que la primera aplicación médica de su activo será la regeneración de las lesiones de la piel, sobre todo las que sufren los pacientes que reciben quimioterapia. Otro compuesto para luchar contra el cáncer que ha desarrollado se encuentra en fase preclínica: tiene el mismo nivel de eficacia que la quimioterapia actual, pero sin efectos secundarios. La compañía prevé iniciar las pruebas sobre humanos en 2017. “Depende del ritmo de comercialización de Y.en”, señala Querol.

Endor está en fase de pasar de fabricar quilos de nanomaterial en las instalaciones de la Universitat de Barcelona a instalarse en una planta para producir a gran escala. “Una empresa está interesada en nuestro principio activo, pero nos decían que ellos necesitan al menos una tonelada y eso no lo podemos producir aquí”, explica Querol, miembro de una familia de emprendedores. Es el quinto Joaquín Querol sucesivo de su estirpe y, explica, todos esos joaquines han eludido trabajar en la empresa paterna porque preferían crear la suya propia.

Tras años de investigación y hallar la molécula adecuada, Endor asegura que ahora viene lo fácil. Considera que la fabricación de su nanomaterial es sencillo y barato, por lo que la construcción de la fábrica no requerirá muchos recursos y, en cambio, el 60% de los ingresos generados se podrán destinar a la investigación oncológica. “La lógica dice que una empresa como la nuestra, por tamaño, no puede hacer investigación oncológica, pero nosotros estamos convencidos de que tenemos una cosa única”, afirma Querol, que considera ya a su empresa la primera multinacional nanotecnológica del mundo. Y de las pocas que han conseguido comercializar un producto salido de nanomaterial.

Los tres accionistas de Endor no descartan la entrada de un fondo de inversión en el accionariado, pero no quieren quedar condicionados a una cláusula de arrastre que les obligue a abandonar el capital cuando la sociedad invcersora —que acostumbran a tomar una mayoría del capital— decida vender. Lo que está claro es que si el fármaco evoluciona, la sociedad buscará alianzas con laboratorios farmacéuticos para impulsar la última fase de investigación sobre humanos.

 

 

http://economia.elpais.com/economia/2015/02/13/actualidad/1423843999_521495.html