Limpiar un lago para dar esperanza

 

Las comunidades del lago de Bizerte, en Túnez, ven mermadas sus oportunidades vitales por la contaminación. El lago de Bizerte, en Túnez, es el sustento de muchas comunidades que viven alrededor.

 

 

  el lago que da vida a esta región tunecina sufre por los residuos de la industria, la agricultura o la propia población, que se suman a la sequía derivada del cambio climático. Su ecosistema se resiente, y esto dificulta la continuidad de actividades tradicionales como la pesca o el cultivo de ostras, que dan trabajo a parte de la comunidad. Todo ello, en localidades que ya sufren de niveles de paro elevados. Un proyecto apoyado por la Unión por el Mediterráneo (UfM, por sus siglas en inglés) intenta resolver este problema a través de la descontaminación del lago. Incluye medidas como la reconstrucción de la infraestructura de saneamiento, dañada tras la Primavera Árabe; o la implantación de planes para evitar que los residuos de las industrias locales vayan a parar al agua.

Bizerte, con una población de medio millón de habitantes, es una región pobre para la media tunecina. La pesca y la agricultura suponen cerca del 15% del empleo total de la zona, más de cuatro puntos por encima del resto del país. Y, aunque su tasa de desempleo se encuentra por debajo de la media, esta se acerca –o roza– el 20% en algunas de las localidades que bordean el lago homónimo. Todo ello, en un entorno en el que menos de la mitad de las personas en edad de trabajar tienen un empleo o lo buscan. Una situación de la que se resienten muchos hogares, según ONG como la que lidera Annabi: “Algunas familias no tienen a nadie que trabaje en casa, y la población se siente desamparada”.

En este contexto, la contaminación del lago tiene un efecto directo sobre el modo de vida de la población. “El cultivo de ostras es importante en Bizerte, pero acaban acumulando metales pesados. El Ministerio de Agricultura prohíbe que los cultivadores trabajen ocho meses al año por este motivo. Y los pescadores ven reducidas sus capturas”, explica Dhekra Gharbi, subdirectora de Supervisión Técnica del Ministerio de Medio Ambiente tunecino.

Al limpiar el lago, la iniciativa apoyada por la UfM intenta mejorar las oportunidades vitales de los habitantes de la región. Para ello las instituciones implicadas –el Gobierno tunecino, el Banco Europeo de Inversión, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo y la Unión Europea– tienen previsto invertir 90 millones de euros desde el inicio del proyecto, el pasado diciembre, hasta su finalización, en 2020. Parte de esta cuantía se dedicará a descontaminar la ribera y a financiar las mejoras del Gobierno tunecino en la infraestructura de saneamiento, dañada durante la Primavera Árabe, y garantizar el acceso de 36.000 personas. En algunas localidades de la región menos de la mitad de los hogares cuentan con ella. “Parte de la población usa fosas sépticas. Los residuos que tiren por allí irán seguro al agua”, explica Gharbi.

Con los fondos reunidos, el Gobierno también prevé reducir la contaminación procedente de las fábricas de la zona, que “en los años sesenta experimentó un proceso de industrialización parecido al desarrollismo español”, según Miguel García-Herraiz, subsecretario general de la UfM a cargo del área de Agua y Medio Ambiente.

 

Un proyecto ataca la contaminación del lago con medidas como la mejora de la infraestructura de saneamiento o la adecuación de la industria

 

La industria siderúrgica, por ejemplo, “lanza directamente al lago todo tipo de aguas residuales, que contienen metales pesados”, detalla Gharbi. A esta fuente de polución hay que sumar los “residuos sólidos como la chatarra” y el dióxido de nitrógeno lanzado a la atmósfera. En este ámbito el plan pasa porque las empresas adecuen sus estándares de tratamiento de residuos a la legislación tunecina, con apoyo técnico e inversiones. La Administración tunecina también pondrá en marcha un plan para mejorar la gestión que la industria hace de los residuos sólidos, favoreciendo su reciclaje o incineración.

Gestionar los residuos del sector primario también supondrá otro reto, según Gharbi: “La agricultura y las granjas se encuentran muy desarrolladas alrededor del Lago de Bizerte. El uso que hacen de los fertilizantes y pesticidas supone un problema importante”. El resultado es la llegada de grandes cantidades de fósforo al agua y el crecimiento acelerado de las algas, privando de espacio al resto de la flora y fauna del lago. Por este motivo la Administración tunecina también prevé ayudar a la gestión de los residuos en las zonas rurales.

El problema de Bizerte es multidimensional. Descontaminar el lago ayudará al desarrollo de la región, pero también lo hará favorecer las actividades tradicionales de la zona, y generar empleo local. El proyecto promueve la “creación de un polo tecnológico” que potencie la agricultura y la pesca, según Miguel García-Herraiz, subsecretario general de la UfM a cargo del área de Agua y Medio Ambiente. Este explica que la iniciativa pasa por ligar “el interés de la juventud que estudia en la Universidad tecnológica de Bizerte con la investigación en productos como el aceite de oliva o la piscicultura”. Todo ello, mientras la descontaminación del lago aumenta el atractivo de la zona para el turismo. “Bizerte se encuentra conectado con el lago aledaño [de Ichkeul], que es un parque natural”, recuerda García-Herraiz.

Por esta misma razón, el proyecto se ha elaborado con las aportaciones de todos los actores con un papel en la gestión del lago. Es decir, “el ministerio de medio ambiente, el gobernorato [administración] regional, y las ONG regionales”, según García-Herraiz. La idea es contar con todos los puntos de vista y resolver, también, un déficit histórico: la falta de involucración de la ciudadanía en la política medioambiental. “Antes de la revolución [que derribó la dictadura de Ben Ali] la política del Gobierno no dejó que la ciudadanía se responsabilizara por la gestión del medio ambiente. Ahora hay mucho trabajo que hacer para concienciar a la población sobre la importancia de gestionar los residuos”, recuerda Gharbi.

Con todas estas medidas, el proyecto prevé contrarrestar “la sensación de desamparo, de olvido desde el centro” que parte de la población tiene, según García-Herraiz. Una opinión que comparten ONG como la de Annabi: “Hace falta una Administración descentralizada que pueda apoyar actividades locales”.

http://elpais.com/elpais/2017/01/03/planeta_futuro/1483453260_868925.html

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