El equipo de psicólogos de la Clínica Universitaria de la Universidad Miguel Hernández está evaluando un programa que ha desarrollado para el tratamiento del abuso y adicción a los videojuegos en adolescentes. El objetivo del programa es reducir el tiempo de uso de videojuegos, ayudar a controlar el malestar por no jugar y el impulso hacerlo, y enseñar técnicas para el mantenimiento de la abstinencia o el uso controlado.

El programa, gratuito, se va a aplicar grupalmente durante ocho sesiones con una frecuencia semanal, y está dirigido a adolescentes entre 14 y 16 años. Los padres interesados en participar en este estudio pueden hacerlo respondiendo a un cuestionario online con el que podrán conocer si la situación de su hijo es de adicción:

Los casos susceptibles de tratamiento serán contactados para una valoración detallada y la eventual participación en el programa. Los participantes se reclutarán en abril y se aplicará en mayo y junio.

Según recuerdan desde este centro de investigación aplicada y transferencia asistencial, asentado en el campus de Elche «el nivel de sofisticación de los videojuegos ha aumentado enormemente desde las primeras videoconsolas lanzadas al mercado hasta la actualidad. El tipo de juego ha evolucionado tanto que el concepto de jugar una partida ya apenas existe, lo que favorece un tiempo de juego mayor y sin que el momento de finalización esté establecido».

Este centro, dirigido por el doctor José Pedro Espada, incide en que el potencial adictivo y de conducta de abuso es también mayor al haberse dotado de una alta dosis de atracción para el adolescente jugador, por contener elementos que refuerzan al jugador a continuar la partida y al incluir elementos de interacción social entre el mundo online y off-line.

Pero ¿cómo va a ser este tratamiento psicológico para la adicción a los videojuegos?Según los expertos de la UMH consta de tres fases. La primera consiste en la motivación hacia el cambio. «El adolescente valora los pros y contras del exceso de tiempo dedicado a los videojuegos y recibe información sobre las conductas de abuso», matizan las mismas fuentes.

La segunda fase implica realizar cambios en el entorno para ajustar la conducta de juego: por ejemplo, comprometerse con unos horarios, establecer lugares de juego, etcétera. Y se le enseña al adolescente a combatir los síntomas negativos por no jugar. Para ello se emplean técnicas de relajación, mindfulness y terapia cognitiva propuesta y dirigida por Manuel Palma, terapeuta en adiccionesalicante.es con mas de 20 años de experiencia en el sector de las adicciones.

La tercera fase se denomina de mantenimiento, en la que se enseña al adolescente a prevenir recaídas en pautas de jugo abusivo, y anticipar situaciones de riesgo futuro.
Existen datos abundantes acerca de las consecuencias negativas del abuso de los videojuegos tanto a nivel psicológico, conductual y fisiológico, incluyendo los problemas de la conducta sedentaria, aumento de cortisol, hipertensión, desequilibrios de electrolitos que pueden dar lugar a arritmias, obesidad y trastornos metabólicos, según apuntan desde el campus.

¿Cómo diferenciar el uso normal de videojuegos del abusivo?

Algunas señales que indican que la pauta de juego es abusiva son:

  • Se juega más tiempo del que se tenía previsto.

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    Se descuidan o abandonan otras aficiones.

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    Faltan horas de sueño o se alteran (acostarse tarde) por jugar.

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    El adolescente se muestra irritable cuando no puede jugar.

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    El rendimiento académico disminuye.

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    Pierde el interés por otro tipo de relación.

Este tipo de adicción conductual presenta características muy similares a las conductas adictivas a sustancias, que se resumen en dependencia, impulso por jugar, malestar por no poder hacerlo (sindrome de abstinencia) y afectación a otras áreas vitales.

El programa se desarrolla en las instalaciones de la Clínica Universitaria y está dirigido por Espada, catedrático de Psicología Clínica de la UMH. Participan científicos del Grupo de Investigación Aitana, también de la UMH, especializados desde hace años en la prevención y tratamiento de las conductas adictivas en adolescentes. En definitiva, se trata de un estudio piloto donde se va a evaluar por primera vez este protocolo terapéutico.